Adiós al inventor del rayo láser

WASHINGTON>>El inventor del rayo láser, Charles Townes, falleció de causas naturales relacionadas con su edad, según información de la Universidad de Berkeley en California, en donde trabajaba como profesor emérito de física.

Todos los radioastrónomos que se dedican a las moléculas interestelares están familiarizados con Townes, pues su enorme talla científica ha iluminado todas las actividades en este campo de investigación desde sus inicios, a mediados del siglo XX, hasta la actualidad.

Escribió junto con su cuñado, el también Premio Nobel Arthur Schawlow, el libro ”Microwave spectroscopy” (Espectroscopía de microondas).

Profesor emérito en la Universidad de Berkeley hasta el momento de su fallecimiento a los 99 años de edad, Townes mantuvo una sobresaliente y ejemplar carrera científica que se ha prolongado a lo largo de casi 80 años.

En 1951, cuando contaba 35 años de edad, Townes era profesor de la Universidad de Columbia y asesor de los Laboratorios de la compañía telefónica Bell (Bell Labs).

Había pasado de trabajar con radares durante la segunda guerra mundial a interesarse por el uso de ondas más cortas con el fin de construir un haz intenso de microondas para crear una sonda.

Einstein había predicho teóricamente en 1917 un mecanismo para amplificar un rayo de luz utilizando los estados excitados de un átomo o molécula, pero fue Townes quién ingenió la manera práctica de separar moléculas en estados excitados y confinarlas en fase gaseosa en una cavidad resonante.

Cuando las microondas viajan por el gas estimulan a las moléculas para que emitan un destello monocromático, coherente e intenso de radiación.

El primer ”máser” (siglas en inglés de ‘amplificación de microondas por emisión estimulada de radiación’), lo construyó Townes con sus estudiantes en 1954 utilizando moléculas de amoníaco.

En 1958, junto con Schawlow, concibió el láser basándose en el mecanismo físico del máser pero utilizando luz óptica.

Pero al ser nombrado director científico del Instituto Estadounidense de Análisis de la Defensa en 1959, Townes frenó sus desarrollos experimentales y el primer láser lo construyó Theodore Maiman en 1960.

En 1964, Townes recibió el Nobel de Física junto a los físicos rusos Aleksandr Prokhorov y Nicolai Basov, quienes también habían ideado el máser de manera independiente.

En 1967, Townes fue nombrado profesor asociado en la Universidad de California en Berkeley.

En esa época, el medio interestelar era considerado demasiado hostil para que las moléculas pudiesen sobrevivir en él.

Pero Townes en un congreso internacional en 1957 ya había predicho la posibilidad de detectar moléculas relativamente simples en el espacio, como el radical hidroxilo (OH), que fue observado en ondas centimétricas en 1963.

Cuando Townes llegó a Berkeley, el profesor Jack Welch estaba planeando construir un pequeño radiotelescopio para detectar nuevas moléculas y ofreció parte de sus fondos al recién llegado para que utilizase las técnicas máser en una mejora del sistema de recepción.

En 1968, detectaron por primera vez amoníaco y agua en el espacio exterior, lo que supuso un hallazgo sorprendente por tratarse de moléculas relativamente complejas.

Se da la circunstancia de que la emisión de agua detectada también presentaba un efecto de amplificación máser natural.

Desde entonces se han detectado más 180 especies moleculares diferentes en el espacio, algunas de ellas hasta con 13 átomos, lo que ha dado lugar al establecimiento de toda una nueva disciplina de investigación: la astroquímica.

A partir de los años 1980, Townes se dedicó a la interferometría óptica e infrarroja como técnica para detectar señales débiles astronómicas y sus logros en este campo son también considerables.

A pesar de su avanzada edad, Townes acudía a su despacho en Berkeley diariamente.

Además del Nobel, Townes recibió innumerables reconocimientos, y ocupó puestos de gran responsabilidad. Sin lugar a dudas, ha sido uno de los mejores físicos experimentales de las últimas décadas.

Finalmente, a su inmensa talla científica se suma una dimensión espiritual muy significativa.

Fue profundamente cristiano y durante toda su carrera defendió la necesidad de convergencia entre ciencia y religión.

”Bajo mi punto de vista, aunque ciencia y religión puedan parecer diferentes, poseen muchas similitudes y deberían interaccionar e iluminarse la una a la otra”, dijo al recibir el Premio Templeton en 2005, un galardón dirigido a los que, independientemente de sus credos, han realizado una contribución excepcional afirmando la dimensión espiritual de la vida.HRI/AGENCIAS NOTICIOSAS

>>>>>

Anuncios