El debate de las grasas

MADRID>> Al contrario de lo que vienen advirtiendo los expertos, una nueva investigación no encuentra evidencia de que el consumo de grasas saturadas (localizadas en la carne, la mantequilla y el queso), incremente el número de infartos y otras enfermedades cardíacas.

“No hay suficientes pruebas para decir que una dieta rica en grasas poliinsaturadas y baja en grasas saturadas reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular”, concluye Jeremy Pearson, director médico asociado de la Fundación Británica del Corazón, que ayudó a financiar el estudio.

Este hallazgo forma parte de un amplio análisis (epidemiológico y basado en 72 trabajos en los que han participado 600.000 personas de 18 países), realizado por un equipo internacional de científicos que, desafiando la teoría de que la grasa saturada en exceso es mala, han avivado el debate sobre qué alimentos son mejores y más saludables y cuáles menos.

Durante décadas, los profesionales de la salud han recomendado evitar las grasas saturadas en la medida de los posible, diciendo que deberían sustituirse por las grasas poliinsaturadas contenidas en alimentos como las nueces, el pescado y los aceites vegetales.

Pero la nueva investigación, publicada esta semana en la revista Annals of Internal Medicine, no encontró que las personas que consumían altos niveles de grasas saturadas desarrollaran más enfermedad cardíaca que aquellos que comían menos.

Tampoco hubo evidencia de menos episodios cardiovasculares entre aquellos que ingerían más cantidades de alimentos con grasas monoinsaturadas o poliinsaturadas.

En definitiva, la evidencia actual no apoya las directrices que restringen el consumo de grasas saturadas con el fin de prevenir las enfermedades del corazón además de ver apoyo insuficiente a las directrices que abogan por el alto consumo de grasas poliinsaturas (como los ácidos grasos omega 3 y omega 6) para reducir el riesgo de enfermedad coronaria.

“Mi opinión sobre esto sería que, dados los resultados, no deberíamos preocuparnos por las grasas saturadas”, remarca Rajiv Chowdhury, el autor principal del nuevo estudio epidemiológico, dirigido por la Universidad de Cambridge (Reino Unido).

>Limitaciones

No obstante, el doctor Frank Hu (que no participó en el estudio), profesor de Nutrición y Epidemiología de Salud Pública de la Harvard School, afirma en la edición digital de The New York Times, que “estos datos no pueden tomarse como ‘luz verde’ para comer más carne, más mantequilla y otros alimentos ricos en grasas saturadas”.

Argumenta que analizar “las grasas y otros grupos de nutrientes de forma individual puede inducir a error, ya que cuando la gente reduce el consumo de grasas tiende a comer más pan y otros carbohidratos que pueden ser perjudiciales para la salud cardiovascular”.

Y agrega: “Creo que las futuras directrices dietéticas pondrán más énfasis en la comida de verdad, más que hacer hincapié en el límite máximo de algunos alimentos”.

Señaló que la gente debería intentar comer alimentos típicos de la dieta mediterránea, tales como las nueces, el pescado, el aguacate, los cereales con fibra y el aceite de oliva.

Un importante estudio del año pasado, que no ha sido incluido en la actual investigación epidemiológica, concluyó que la dieta mediterránea con nueces y aceite de oliva virgen extra reducía los infartos cuando se comparaba con aquellas personas que consumían pocos alimentos de este tipo.

Los propios autores de la investigación incluyen como una de sus limitaciones la selección de los estudios. Evidentemente, el mencionado por el profesor Hu no estaba incluido.

Asumen que muchos de los trabajos analizados no tenían en cuenta otros factores desencadenantes de enfermedad coronaria, otros no valoraban la asociación entre grasas saturadas y riesgo coronario (por ausencia de datos individuales de los participantes), pocos análisis evaluaban el potencial de las grasas poliinsaturas y monoinsaturadas.

Por eso concluyen su estudio diciendo que “los encuentros de su estudio deberían ser interpretados con precaución” y además añaden que su análisis “no aporta evidencia clara para cambiar las actuales guías de recomendaciones cardiovasculares” (que animan a consumir más alimentos con grasas poliinsaturas y menos con saturadas).

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EEUU prohíbe ciertas grasas insaturadas

WASHINGTON>> Los aceites parcialmente hidrogenados, un tipo de grasas insaturadas, fueron una vez omnipresentes en la dieta estadounidense, incluyendo repostería, maíz inflado y comidas fritas.

Ahora, consciente de sus efectos perjudiciales para la salud, la Administración de Alimentos y Medicinas se está deshaciendo de lo que queda de ellos.

La FDA anunció, que va a requerir a la industria de alimentos que las elimine gradualmente.

Los productores ya han eliminado muchas de esas grasas, en respuesta a críticas de la comunidad médica y a leyes locales.

Aun así, la FDA dice que librarse del resto (el estadounidense promedio aún consume alrededor de un gramo de esos grasos al día), pudiera prevenir 20.000 ataques cardiacos y 7.000 fallecimientos cada año.

Pero no va a suceder de inmediato. La agencia va a colectar comentarios durante dos meses antes de determinar un cronograma para su eliminación total. Diferentes alimentos podrían tener diferentes cronogramas, dependiendo de la facilidad para encontrar substitutos para las también denominadas grasas trans.

“Queremos hacerlo en una forma que no cause problemas innecesarios en los mercados”, dijo Michael Taylor, subcomisionado de la FDA para alimentos. No obstante, dice, “la industria de alimentos ha demostrado que eso es algo factible”.

De hecho, la situación ha cambiado tanto de antemano que la mayoría de la gente no va a notar la diferencia en la comida que compra en mercados y restaurantes.

Científicos dicen que no hay beneficios de salud en los aceites parcialmente hidrogenados y que pueden elevar el nivel de colesterol “malo”, incrementando el riesgo de problemas cardíacos.

Esas grasas son consideradas el peor tipo para el corazón, incluso peores que las grasas saturadas, que también contribuyen a los infartos.

Las grasas insaturadas son usadas en alimentos procesados y en restaurantes, a menudo para mejorar la textura, el sabor y la duración de los productos. Aunque han sido eliminadas de muchos productos, aún son encontrados en otros, como cortezas de pasteles y en glaseados para mantener su consistencia.

Algunos restaurantes también las usan algunas veces para freír. Muchas cadenas grandes las han dejado de usar, pero restaurantes más pequeños todavía piden a los proveedores alimentos que contienen estas grasas trans.

Las grasas se crean cuando se agrega hidrógeno al aceite vegetal para hacerlo más sólido, por eso se llaman grasas parcialmente hidrogenadas.

La FDA no va contra las pequeñas cantidades de grasas trans que hay naturalmente en algunos productos lácteos y cárnicos porque sería demasiado complejo retirarlas y no son consideradas una amenaza importante a la salud pública por sí mismas.

Muchas empresas ya dejaron de utilizar las grasas trans, alentadas por las nuevas etiquetas nutricionales introducidas por la FDA en 2006 y por una creciente lista de leyes locales, como una en la ciudad de Nueva York que las prohíbe.

En 2011, Wal-Mart prometió retirar para 2016 todas las grasas artificiales insaturadas de los alimentos que vende. Directrices recientes para los almuerzos escolares también prohíben que se sirvan en cafeterías de Estados Unidos.

Pero el apoyo está lejos de ser universal. Un sondeo a nivel nacional realizado por el Pew Research Center entre el 30 de octubre y el 6 de noviembre mostró que de 996 adultos encuestados, 44% están a favor de prohibir que los restaurantes utilicen grasas trans y 52% se oponen a la idea.

Aun así, los estadounidenses están comiendo mucho menos de esa grasa. De acuerdo con la FDA, la ingesta de grasas insaturadas entre los estadounidenses bajó de 4,6 gramos por día en el año 2003 a casi un gramo en 2012.

Otros países las han prohibido, entre ellos Suiza y Dinamarca.

Hay países que han promulgado estrictas leyes de etiquetado.

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