¿Las bebidas azucaradas deberían advertir sobre sus riesgos?

LONDRES>> Un nuevo proyecto de ley en California ha superado ya su primer obstáculo legislativo. Si todo continúa en la misma línea, puede que en breve los refrescos en este estado tengan que ir acompañados de una etiqueta con esta advertencia: ”Consumir bebidas azucaradas contribuye al desarrollo de obesidad, diabetes y caries”.

El objetivo: conseguir que los consumidores tomen menos bebidas de este tipo y se conciencien de lo que implica un consumo excesivo de azúcar. Tal y como apunta Simon Capewell, profesor de Salud Pública en la Universidad de Liverpool (Reino Unido), en una carta publicada en la revista British Medical Journal (BMJ), “en un estudio europeo, los adultos que consumían más de una lata de alguna bebida azucarada al día, tenían un riesgo 22% mayor de desarrollar diabetes que quienes ingerían menos de un bote [en el transcurso de un mes]”. Teniendo en cuenta que “el riesgo absoluto de esta enfermedad es alto, este incremento es importante”, agrega.

Además, los médicos llevan tiempo avisando del alto contenido de calorías que tienen estas bebidas azucaradas, uno de los factores responsables de la epidemia de obesidad, especialmente en los países desarrollados. Este problema afecta ya a más de 2.000 millones de adultos y niños y, como subraya Capewell, “aumenta las probabilidades enfermedades cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cáncer”.

Por todas estas razones, los expertos confían en que la medida legislativa que se está ‘horneando’ en California ayude a reducir el impacto que tienen sobre la salud. Una encuesta realizada recientemente en Reino Unido también mostraba la predisposición de la opinión pública a este tipo de soluciones. Al parecer, según publicaba la cadena de televisión BBC en su página web, el 60% de los 1.000 encuestados apoyaba las etiquetas de advertencia en productos alimenticios, al igual que ya se hace con los paquetes de tabaco.

El 70% se mostraba a favor de prohibir las bebidas azucaradas en los colegios y de limitar la cantidad de azúcar permitida en determinados alimentos. Casi el 45% defendían el aumento de impuestos en este tipo de refrescos.

“Otros muchos productos potencialmente dañinos (como los insecticidas) llevan ya las etiquetas de advertencia sobre la salud”, señala el experto británico. “Las advertencias de los cigarrillos son efectivas y ahora están aceptadas por casi todo el mundo, excepto por la industria tabaquera”.

Si el proyecto de ley californiano finalmente se aprueba, California se situará de nuevo a la vanguardia de una medida innovadora como la que aprobó en 2005, que prohibía los refrescos y la comida basura en las escuelas públicas.

“Si no hacemos nada, estamos poniendo en riesgo a los californianos”, remarcaba el pasado viernes el autor del proyecto de ley, el senador demócrata Bill Monning. Los beneficios que supondría esta medida superarían ampliamente el coste que ocasionaría a la industria”.

En el año 2012, el entonces alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg encabezó una iniciativa similar sobre la venta de bebidas azucaradas de gran tamaño, pero la medida fue declarada ilegal por un juez del estado.

Medidas como ésta de las advertencias sobre los riesgos del consumo de bebidas azucaradas “representan un interesante experimento. La estrategia puede resultar muy efectiva y convertirse en una potente intervención en la lucha contra la obesidad”, concluye Capwell.HRI/AGENCIAS NOTICIOSAS

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La gran biblioteca digital del ADN

MADRID>> En sus años de instituto, a Leroy Hood (Montana, EEUU, 1938) lo que más le gustaba era jugar al fútbol americano.

Pero su padre insistía en apuntarle continuamente a distintos cursos de teoría electrónica y diseño de circuitos.

”Así que por aquel entonces yo ya tenía una buena formación en ingeniería”, aseguró Leroy Hood cuando tomó de manos del presidente Barack Obama la Medalla Nacional de Ciencias en el año 2011.

Aunque en sus años universitarios en la Universidad Johns Hopkins (Baltimore) y en el Instituto de Tecnología de California se centró en la Biología, para él era casi una obsesión aplicar la ingeniería para revolucionar el estudio de la vida.

Y pronto lo consiguió. Uno de sus inventos desarrollado durante sus años en Caltech, el secuenciador automático de ADN, hizo posible obtener cadenas genéticas a gran velocidad y fue la tecnología clave para llevar a buen puerto el Proyecto Genoma Humano, cuyo primer borrador fue anunciado por los presidentes Bill Clinton (EEUU) y Tony Blair (Reino Unido) en el año 2000.

La última revolución que Hood vislumbra tiene que ver con la salud humana.

”Los seres humanos tienen circuitos biológicos, de la misma forma que los tiene, por ejemplo, una radio”, explica este visionario.

”Para entender las enfermedades tenemos que entender antes cómo esos circuitos llegan a estar dañados para producir la enfermedad”, asegura.

Y para ello es necesario estudiar la biología humana desde un punto de vista holístico. Haciendo gala de su formación deportiva, Hood explicaba hace años su visión con una metáfora futbolística.

”Nunca se entenderá un partido de fútbol definiendo qué hizo el defensa, el zaguero o incluso el quarterback. Necesitan entender cómo juega el equipo como conjunto y cómo los otros equipos juegan contra él”, explicó.

Esa visión es la que le llevó a vislumbrar un futuro en el que las consultas médicas cambiarán por completo su forma de abordar un diagnóstico o de recetar un tratamiento sin saber si es el que más le conviene a ese paciente en concreto. Es lo que bautizó como medicina P4: predictiva, preventiva, personalizada y participativa.

”Imagina un futuro en el que a un médico le llega a su tablet una alerta del hallazgo de una nueva variante genética de una enfermedad”, explica Natalia Jiménez, consultora de Sanidad y Ciencias de la Vida de la empresa de computación Bull.

 >>Yvo Gut, Director del Centro Nacional de Análisis Genómico (CNAG)>>

”Ese doctor acude a la base de genomas de pacientes secuenciados y advierte de que hay 80 en riesgo. Para algunos, por su edad o su historial médico familiar, bastará con enviarles una advertencia con consejos sobre el estilo de vida saludable que les conviene seguir. Pero a los que están en riesgo real inmediato, les citará en la consulta para comenzar un protocolo de seguimiento. Este es el futuro por el que estamos trabajando”, asegura.

Los expertos aseguran que aún queda mucho que avanzar en pasos previos, pero las modernas técnicas de secuenciación de la mano con la supercomputación ya están trabajando en esa dirección.

El objetivo es crear una enorme biblioteca digital de datos médicos que permita cruzar la historia clínica del paciente con su información genética personal, el historial médico de su familia y cualquier otra información que pueda ser relevante a la hora de hacer un diagnóstico, como si se tiene un trabajo de riesgo o el entorno ambiental en el que vive el individuo.

La batalla se está librando en las entrañas de los grandes centros de secuenciación genómica y entre los algoritmos matemáticos que impulsan los superordenadores y los nuevos sistemas de almacenamiento de la información digital. «Hay quien dice que es un reto mayor que poner un hombre en la Luna», dice Yvo Gut, director del Centro Nacional de Análisis Genómico (CNAG), sentado en su despacho del Parc Cientific de Barcelona.

”Y es cierto que es una tarea gigantesca. Quizá sea el mayor reto al que nos enfrentemos en la actualidad”.

”El LHC de Ginebra es algo sencillo comparado con esto. Es una cuestión de dinero, pero también de ingeniería, de ética, de informática, de ciencia, incluso un tema social”, asegura.

Pero aún así, hay síntomas que permiten pensar en que es posible.

La secuenciación ha avanzado tan deprisa en menos de dos décadas que una tarea como obtener la cadena de ADN completa de un ser humano, que costó cerca de 3.000 millones de euros y llevó 10 años, se puede obtener hoy en día en dos horas por unos 5.000 euros.

Es obvio que no es la misma tarea.

Ahora existe un genoma de referencia con el que comparar cada caso determinado, pero la comparación da idea de la velocidad de avance de este campo de investigación.

Cada uno de nosotros tenemos millones de millones de células en nuestro cuerpo y dentro de cada una de ellas hay una copia del genoma completo.

Esa secuencia particular de cada individuo está hecha de 3.000 millones de ladrillos, que corresponden a las cuatro letras del código genético C, G, T y A (las bases nitrogenadas del ADN: citosina, guanina, timina y adenina). Y lo importante es el orden que estos ladrillos adoptan en la cadena, eso es lo que condiciona el contenido de los genes.

Dentro del núcleo de la célula, la información genética está organizada en cromosomas, como libros de una biblioteca.

”No podemos empezar en un extremo del cromosoma y leer la información correctamente. Tenemos que trocear aleatoriamente la molécula de ADN hasta un tamaño que podamos leer, unas 100 bases por cada fragmento”, explica Gut. Y cada cromosoma contiene cientos de millones de pares de bases.

”Es como si tuviéramos un libro y sólo pudiéramos leer una frase cada vez”, dice.

Por eso, para descifrar un genoma completo, los investigadores toman hasta millones de células a las que extraen el ADN y lo hacen pedacitos.

”Como hacemos lo mismo con muchas células y no todas se cortan por el mismo lugar, podemos enfrentarlas con el genoma de referencia e ir solapando frases hasta construir la verdadera historia. Y ahí es donde entra la supercomputación. Tenemos un gran argumento de 3.000 millones de letras que troceamos a lo loco en trozos de 100. Y después tenemos que juntar las piezas del puzle para reconstruir la historia de forma que tenga sentido”, aclara Yvo Gut.

>>La supercomputadora del Centro Nacional de Análisis Genómico>>

”La gente de supercomputación bromea con nosotros porque dicen que no hacemos supercomputación, que sólo calculamos mucho… Sí! Tenemos que hacer muchos cálculos, por eso necesitamos la supercomputación”, dice Gut.

Precisamente, el CNAG acaba de ampliar, con tecnología de la empresa Bull, su capacidad informática para hacer frente a los nuevos retos a los que se enfrenta, y ya cuenta con 2,7 petabytes de almacenamiento de datos -2,7 millones de gigas- y más de 1200 núcleos de computación, lo que coloca al centro español en el segundo lugar europeo, tras el Sanger de Reino Unido.

”Funcionando al completo en un sólo genoma puede realizar el análisis completo en dos horas. Tenemos capacidad para producir ocho genomas cada 24 horas», dice Gut. «Un genoma completo ocupa desde 100 hasta 300 gigabytes, pero nos quedamos con la información más relevante y conseguimos reducirlo a 300 megas», explica Sergi Beltran, líder del grupo de Análisis Bioinformático del CNAG.

Hace ahora poco más de un año, el presidente David Cameron anunciaba la aprobación de un presupuesto de 100 millones de libras (unos 125 millones de euros) para secuenciar 100.000 genomas de pacientes de Reino Unido. Se trataba del primer acercamiento del mundo a escala nacional al sueño que vislumbra Leroy Hood desde hace décadas.

”Sólo por el hecho de secuenciar 100.000 genomas ya estamos haciendo que el precio baje. Los secuenciadores estarán trabajando sin descanso y eso ayuda que el precio baje”, explica a este diario Vivienne Parry, veterana periodista de la BBC y actual portavoz de la agencia Genomics England creada por el Gobierno británico para llevar a cabo el proyecto llamado UK 100 K.

”Cuando termine esta iniciativa, en 2017, habremos construido los cimientos para poner en marcha un sistema nacional que realice análisis genómicos como rutina para todos los pacientes de Reino Unido. Eso comenzará en 2018 y para entonces habrá ya centros de medicina genómica en todo el país y la secuenciación de genomas enteros será barata y fiable”, asegura Parry.

En Reino Unido todo el mundo tendrá un número único de identificación genética y se podrá cruzar con la historia clínica desde que nació el paciente, hasta las última enfermedad común por la que fue al médico, pasando por aquella operación de apendicitis.

Y cuando se muera esa información se mantendrá en el Sistema Nacional de Salud.

El objetivo es que sirva para hacer trabajos de investigación. Pero el hecho de que la información personal esté disponible para su consulta ha hecho necesaria la inclusión de un comité de ética.

”Se puede pensar en este sistema como en una biblioteca, pero en lugar de que puedas llevarte un libro a casa, sólo puedes mirarlo en la biblioteca”, aclara Parry.

”Como un incunable de una gran Biblioteca Nacional, puedes mirarlo si eres un investigador que ha obtenido permiso para estudiarlo, pero no te lo puedes llevar a casa y estarás monitorizado en todo momento para que no existan malas prácticas”, dice.

El acceso a los datos por parte de un científico o de una compañía implicará la aceptación de estrictos controles éticos y de seguridad.

”No sé si será dentro de 10 o 15 años o si será en cinco, pero en el futuro tendremos toda esta información almacenada en el mismo lugar para poder evaluar rápidamente un determinado caso y saber cómo actuar”, opinó Yvo Gut.HRI/elmundo.es

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